En Guadalajara (mi tierra natal), desde 1992, el 22 de abril es especial.

Nadie lo esperaba, se podía oler el peligro y nada más.

Tenía 11 años, trabajaba en el negocio de mi padre (una ferretería), cuando recibimos una llamada por parte de un primo. Alterado y bastante asustado, le dijo a mi padre que las calles estaban explotando. Súbitamente, la llamada se perdió.

Mi primo tenía 25 años, vivía su juventud en otra época, tenía su propio negocio y, aunque rentaba el local, se podría decir que tanía su negocio aclientado.

La ubicación de su área de trabajo, era en la calle Gante, a una cuadra antes de Calzada Independencia.

190034

Hace 17 años que no quedó nada, todo era una mezcla entre seres humanos (los que se pudieron encontrar restos), y tierra, autos y árboles.

Hoy ya no se nota, las calles de la zona afectada quedaron como si a la Venus de Milo le pegaran los brazos.

Lo triste de todo, es que hasta la fecha, resulta que nadie tuvo la culpa.

Así es como lidia nuestro país sus catástrofes, a través de recuerdos y testimonios, pero sin resultados y preguntas sin responder.

Salúdos.